¿Es momento de tomar ganancias?
- Renato Campos Santana

- hace 1 día
- 3 Min. de lectura
Es la pregunta lógica después de semejante mes.
Pero, paradójicamente, los meses de mayor volatilidad suelen ocurrir en la mitad, no al final, de los grandes movimientos de mercado. Porque son los meses donde se limpian posiciones débiles, donde salen los apalancados y donde el activo pasa de manos especulativas a manos pacientes.


Enero cierra con una sensación extraña, la de estar atravesando uno de esos episodios que, con un perspectiva, se estudiarán dentro de 30 o 60 años. No fue un mes “movido”. Fue un mes históricamente volátil para los metales preciosos. En cuestión de horas vimos desplomes violentos en oro y plata, ventas forzadas, "margin call", un dólar disparándose en su mejor jornada en meses y, al mismo tiempo, un dato que parece contradictorio, el oro sigue acumulando un upside superior al 12% en el mes. Para entender esta aparente paradoja, hay que empezar por el detonante político-monetario que cambió el tono del mercado.
factor Warsh: más que un nombramiento, un mensaje.
La sorpresa llegó con el anuncio de Trump sobre el nuevo presidente de la FED, Kevin Warsh. Exgobernador durante la crisis financiera, crítico de la expansión del balance post-2008 y considerado históricamente un “hawkish” en materia inflacionaria, Warsh representa, al menos en la superficie, una FED más austera, menos comunicativa y con un balance más chico.

En términos sencillos, su visión puede resumirse así:
Menor intervención directa de la FED en los mercados
Reforma estructural del rol del Banco Central
Apertura a tasas más bajas, pero solo si la inflación lo permite
El mensaje inicial que leyó el mercado fue inmediato, más credibilidad monetaria y un dólar más fuerte. Y ahí comenzó el movimiento en cadena tales como ventas técnicas, liquidaciones forzadas y un reacomodamiento brusco de posiciones en metales. Pero este es el punto clave, el mercado reaccionó al mensaje, no necesariamente a lo que va a ocurrir.
Lo que el mercado cree
vs
lo que Trump necesita
No creemos que Trump haya elegido a Warsh para subir tasas y provocar un colapso financiero en la antesala de las elecciones de medio término. Lo eligió para sonar responsable, para contener expectativas de inflación y, sobre todo, para mantener bajo control los rendimientos de los bonos justo cuando Estados Unidos debe refinanciar cerca del 25% de su deuda. Ese es el dato verdaderamente relevante. Porque si algo ha demostrado la política económica de Trump es que el discurso puede ser agresivo, pero el resultado final suele ser dinero fácil disfrazado de disciplina. Tarde o temprano, el mercado empieza a notar esa diferencia.
La posición incómoda de Warsh
Warsh no llega a un contexto cómodo. Si baja tasas, será percibido como un brazo político. Si las mantiene altas demasiado tiempo, chocará con la Casa Blanca. Y hasta que Jerome Powell finalice formalmente su mandato en mayo, la FED operará bajo una sombra institucional permanente. Esa ambigüedad histórica, cuando el mercado no sabe dónde termina la política y empieza la independencia monetaria, suele traducirse en una sola cosa, volatilidad. Y la volatilidad es el hábitat natural del oro.

Más allá del ruido: las fuerzas estructurales siguen intactas
Si uno deja de mirar el gráfico intradiario y amplía el horizonte, el caso estructural del oro no solo no se debilitó, sino que sigue fortaleciéndose:
La deuda global está en máximos históricos
La inflación, aunque más baja que en 2022, sigue siendo persistentemente elevada
El oro representa menos del 30% de los activos de los bancos centrales
La desglobalización favorece activos neutrales y no políticos
Las carteras tradicionales 60/40 buscan diversificación real
Los déficits fiscales son estructuralmente insostenibles
La producción global de oro es limitada y no hay grandes descubrimientos nuevos
Y, fundamentalmente, a Trump no le conviene un dólar fuerte por demasiado tiempo
Nada de eso cambió en enero. Lo único que cambió fue la velocidad del mercado. La macro manda. El corto plazo asusta.
La volatilidad genera miedo en el presente. La macro construye las tendencias de fondo. Y hoy, la macro que sostiene al oro sigue más viva que nunca. Por eso, lejos de ver este mes como una señal de techo, lo veo como una confirmación de que el mercado todavía está en proceso de entender algo que será evidente con el diario del lunes, el rally del oro no ha terminado.
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Descargo de Responsabilidad: Este artículo representa únicamente la opinión de su autor, no se puede utilizar como consejo de inversión. El contenido del artículo es sólo para referencia. Los lectores no deben tomar este artículo como una recomendación...





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